Incongruente posición del gobierno argentino en torno a la población que habita nuestras Islas Malvinas
En la presentación en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, Cristina Fernández de Kirchner aprovechó con eficacia esa tribuna internacional para plantearle nuevamente al Reino Unido de Gran Bretaña la necesidad de resolver el “conflicto Malvinas” a través del diálogo entre las dos naciones. Con el respaldo de haber sido recibida por el Secretario General de Naciones unidas, Ban Ki-moon; la presidente logró jerarquía en sus manifestaciones. Resaltó los momentos más lúcidos de nuestra política exterior, sobre todo durante los gobiernos del Dr Arturo Illia en la década del 60’ y del General Juan D. Perón en la década del 70’; estableció una enorme distancia política con la decisión de la dictadura militar de 1982; y supo interpretar el mandato de nuestra Constitución Nacional y el sentir de la inmensa mayoría de los argentinos. Al mismo tiempo que dejaba negro sobre blanco: que la actitud soberbia de los ingleses es la que impide abordar el problema desde un diálogo “civilizado” en condiciones que contribuyan a la paz.
La mayoría de los países del mundo respaldan esta postura. Los gobiernos y los pueblos saben que Malvinas es un enclave colonial. Desde nuestros hermanos de América Latina y sus organismos más representativos como el Unasur, la Celac, el MERCOSUR hasta la mismísima OEA. En todos los continentes aún resuenan las voces de dolor provenientes de la historia colonial y no tienen dudas en respaldar el reclamo argentino.
Hasta el Comité de Descolonización se acercaron representantes del gobierno de las islas. Lo hicieron también como una jugada política. Quisieron entregarle en mano una carta a la Señora Presidente de los argentinos en nombre de un gobierno que nuestro país no reconoce. Estuvieron hábiles y astutos. Claro que ganarle a la torpeza, ineptitud e incapacidad de nuestro canciller no requiere gran esmero. Allí fueron ellos los que supieron mostrar a la opinión pública que el discurso argentino no es otra cosa que eso, un simple discurso. Luego Gavin Short presidente de la Asamblea Legislativa de las Islas sostuvo que: “Esto es representativo de la política del gobierno argentino hacia la gente de las islas Falkland, de ignorarnos, de negarnos nuestros derechos humanos y nuestros derechos a determinar nuestro propio futuro”. Y ahí está nuestro talón de Aquiles.
¿Cómo explicar que tenemos mucho interés en hablar con quienes nos invadieron en 1806, volvieron a intentarlo en 1807, tomaron posesión de las Malvinas en 1833, nos derrotaron en la batalla de la Vuelta de Obligado el 25 de noviembre de 1845, diseñaron la infraestructura de nuestro país a su antojo, corrompieron dirigentes políticos, participaron en golpes de Estado contra gobiernos populares, cometieron el acto terrorista más grande del que se tenga memoria en la Argentina con el hundimiento del crucero general Belgrano, son parte del acto de corrupción perpetuo que sufre el pueblo argentino desde 1827 que es la deuda externa, etc. y no queremos hablar con una colonia de extranjeros que habitan el suelo argentino? ¿Cómo explicar que queremos negociar con el altanero David Cameron jefe del decadente Imperio Británico y no con hombres y mujeres que habitan el suelo argentino?.
Si nuestra cancillería piensa que esas personas son sólo títeres del gobierno británico, igual los debería recibir. No saludarlos, no aceptar la carta que traían para la presidente, resulta de una estrechez de miras ajena a cualquier estrategia inteligente sobre el asunto.
Claro que no está en manos de los isleños resolver el asunto. Y de nada valdría una política infantil de seducción a través de libros con cuentos sobre ositos Winnipeg. Detrás de esta pequeña población está el Reino Unido con el apoyo de buena parte de la Comunidad Económica Europea. La OTAN como brazo armado del Norte agresivo no admitirá que la situación se revierta por un simple mecanismo de diálogo. Hoy el papel de las Malvinas resulta mucho más estratégico que en 1833. Pesca, petróleo, dominio marítimo, proyección antártica, son algunos de los fuertes motivos que los han llevado a militarizar la zona con armas de destrucción masiva, violando los tratados que establecen al Atlántico Sur como zona libre de armas nucleares. Pero esto, justamente, no nos puede llevar a la conclusión que no dialogaremos con los isleños.
El asunto del referendo no es importante. Argentina debería distinguir con claridad el “derecho” inalienable de cualquier pueblo a la autodeterminación, con la “pretensión” de hacer suyo un territorio que no le pertenece. Digámoslo así: este conjunto de habitantes puede defender su tradición, su idioma, su religión, su cultura y los intereses que le garanticen un buen vivir en aquel archipiélago. Y los debemos respetar. Lo que no pueden pretender es el territorio argentino, parte sustancial de la América del Sur y de toda América y sobre el cual los títulos que esgrime nuestra Nación son reconocidos por la inmensa mayoría de las naciones del mundo.
Nuestra CN dispone: “La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional.”
Al mismo tiempo impone: “…respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional,…”; de la misma manera que nos impusimos ofrecer nuestros derechos y garantías constitucionales a “todos los hombres y mujeres de buena voluntad que quieren habitar el suelo argentino”.
Nuestro diálogo debe ser con ellos antes que con el arrogante gobierno británico. Siempre debemos recordar que la mirada desde centro del Imperio es distinta que desde la periferia sacrificada. Para ellos el Reino Unido de Gran Bretaña es quien le brinda seguridad y defiende sus derechos. ¿Por qué deberíamos pretender que tengan otra mirada? Lo que debemos cambiar es la percepción de ellos acerca de nuestro país.
La presidente tiene una magnífica oportunidad de rectificar el rumbo equivocado. Debería invitarlos a Buenos Aires. Aceptar su carta. Conversar con ellos. Ofrecerles nuestra hospitalidad. Retomar el vínculo. Ese pueblo tiene hoy más contradicciones con nosotros que con el Reino Unido. Quieren ser ciudadanos británicos. Pero el devenir histórico dice que el platillo argentino de la balanza terminará imponiéndose. Porque nuestras potencialidades, la de toda Sur América y la de los países amigos en todos los continentes así lo indica. ¿Por qué deberíamos negarles una relación madura con nuestras autoridades y nuestro pueblo? ¿Por qué le brindamos tantas garantías al centro del Imperio y somos tan duros con su periferia más cercana a nosotros?
El jefe de la cancillería no da muestras de entender de qué se trata el problema. La presidente no debería dejarse llevar por un incompetente.
Mario Mazzitelli
Secretario General del Partido Socialista Auténtico (Argentino)



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