“La participación del Estado en la economía.”

Buenos Aires, 14 de junio 2017
img_9971_chicaEn general para la derecha el chivo expiatorio más adecuado para descargar todas las frustraciones económicas es el volumen del Estado. A eso se dedica hoy un gran economista Orlando Ferreres en nota que titula “Cómo es la participación del Estado en la economía del país”. Más que el “cómo” debió decir “cuanta”.
Copio dos párrafos con los que cierra la nota:
Sin contar los gastos de las empresas del Estado…estamos ahora muy cerca del 46 % de la economía como porcentaje de intervención del Estado, lo que es una cifra importante. Tendremos que ver cómo se puede atacar este problema en el futuro. Hasta ahora no se ha hecho mucho, aunque sí es cierto que se empezó a trabajar el tema de los servicios públicos deficitarios.
Tenemos que reaccionar a tiempo, pues no se puede sostener ese gran porcentaje de la economía en manos directa o indirectamente del Estado, tanto nacional, provincial o municipal. Lo podemos hacer, seguramente después de las elecciones de este año.
Lo que Ferreres dice es que: como el Estado tiene una gran porción de la torta económica, a la Argentina le va mal. Con esto trata de actuar sobre la “opinión pública” para justificar (después de octubre) un ajuste bien severo.
La cuestión de fondo es si este economista (junto a muchos otros) tiene razón o no.
A todas luces se trata de una falacia. No tiene razón. La misma nota sostiene que las economías europeas (que andan bien), tienen una participación del Estado del orden del 50%. Quiere decir que no es la “cuantía” de la participación del Estado lo que explica la marcada decadencia nacional.
En la misma nota se muestra un cuadro que incluye el año 2001. Resulta, después del ajuste menemista de los ´90, que la participación del Estado estaba muy abajo del 30%. Con este razonamiento no debió haber crisis. Sin embargo, ocurrió la peor crisis de la historia económica argentina.
Si los temas no se tratan con seriedad nos encontramos en el mundo de las simplificaciones. Y aparecen unos (liberales) y otros (keynesianos) que repiten la misma cantinela con la que ya fracasamos varias veces en el pasado. (Esta grieta es un gran fracaso por ambas partes)
Se trata, entiendo yo, de incorporar otra mirada que profundice en la comprensión del  problema y elabore una solución inteligente. Necesitamos una mirada socialista. Ni mercadista, ni estatista.
El debate debe abrirse porque (de lo contrario) el gobierno nacional, influenciado por intereses corporativos, economistas liberales y sentimientos conservadores; realizará un ajuste equivocado (por no decir salvaje) que terminará en colapso financiero, de deuda, fiscal o social.
Todos lo queremos evitar. Para eso hay que abrir la cabeza, incorporar otras miradas y dar respuestas creativas. Propias del siglo XXI y no razonamientos antiguos que no solucionan  la cuestión de fondo.